Infradélugue.
¿Quien si no yo? que me comprendo del todo, quien si no yo. Tal vez mis cuernos, atosigan al flujo de su fe. Borrasca interminable no el bien ni el mal, si no el punto a la mitad. ¿Quien podrá hallar en mi infierno la justicia?
Sales delante de mí como si yo fuera tu hijo. En realidad, me hablas, queriéndome convencer de que eres infinitamente piadoso, y que no te importa si soy feo, estéril y malo.
Tus barbas, tu brillo santo. La túnica brillante en bondad.
Y me dices nuevamente: “Acércate, Yo Soy La Verdad y La Vida”, “Yo te perdono, hijo”. Mas ¿Qué pasará si mi reinado termina? ¿Nadie sufrirá? Ya no habrá lágrimas, incertidumbre, vicios, guerras.... jaja, esas guerras.
Ya todos serán felices, y nadie te va a orar. Ja, ja. Yo soy la Dudosa existencia de la muerte, y soy mi justicia, fuego en mente, sangre sin nada. Mi cuerpo no siente.

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